Por: Reynaldo Rodríguez Cuéllar
Cuando la verdad no puede depender de una versión, sino de la evidencia
El ataque armado contra Nadia Beller dejó de ser solamente un hecho criminal para convertirse en un caso que compromete la credibilidad de las instituciones encargadas de investigar y administrar justicia.
Según información difundida, Beller recibió tres impactos de bala frente a un hotel de Santa Cruz. Las cámaras de seguridad registraron la presencia de dos hombres vestidos como repartidores que se aproximaron a ella y efectuaron disparos a quema ropa antes de escapar. Posteriormente, Fernando Cerimedo, expareja de Beller y consultor vinculado al entorno político del presidente Rodrigo Paz, fue aprehendido e imputado por tentativa de feminicidio. La Fiscalía sostiene una hipótesis acusatoria; la defensa, en cambio, habla de un supuesto “autoatentado político”.
En medio de estas dos versiones existe una tercera obligación: investigar sin prejuicios y preguntar sin miedo, porque hay interrogantes que no pueden ser respondidas mediante declaraciones políticas, comunicados oficiales ni percepciones personales. Una de ellas surge del propio material audiovisual, si se informa que fueron tres disparos de arma de fuego, corresponde conocer con precisión dónde impactaron los proyectiles, qué órganos o tejidos fueron comprometidos, cuáles fueron las trayectorias y qué lesiones fueron certificadas por los médicos. Resultando incorrecto sostener que tres disparos necesariamente debieron imposibilitar declaraciones de la víctima; es no menos debatible, el afirmar que la víctima fue alcanzada tres veces sin explicar técnicamente la naturaleza y gravedad de cada herida.
La capacidad de Beller para hablar después del ataque tampoco demuestra, por sí sola, que el hecho haya sido falso. Una persona puede sobrevivir a heridas de bala y permanecer consciente dependiendo de la zona alcanzada y de las estructuras comprometidas, direccionando precisamente por lo medular de la interrogante: ¿Son compatibles las lesiones certificadas médicamente con la secuencia balística que muestra el video? He ahí el verdadero desafío.
No menos importante es la explicación de la naturaleza del arma que aparece en las imágenes, si públicamente se habla de una 9 mm, la investigación debe establecer mediante pericia balística qué arma fue utilizada, el calibre no basta para identificar el sistema del arma, la apariencia visual de un revólver tampoco permite concluir que efectivamente lo sea, instancia que exige respuestas técnico-científicas: arma, calibre, proyectiles, casquillos, trayectorias, distancia de disparo, residuos de disparo y correspondencia entre la evidencia material encontrada en la escena y las lesiones de la víctima.
Tres disparos tienen que producir tres respuestas balísticas y si existieron tres impactos, la medicina forense debe poder explicar exactamente qué produjo cada uno.
La investigación mucho menos puede detenerse en quien hoy está aprehendido. Debe identificar plenamente a los autores materiales, reconstruir con quirúrgica precisión la ruta de llegada y fuga, establecer quién proporcionó la motocicleta y vehículos utilizados, verificar las comunicaciones previas y posteriores al hecho y determinar por qué el teléfono celular de Beller, fue sustraído inmediatamente después del ataque. Las imágenes difundidas muestran precisamente esa secuencia de aproximación, disparos, caída de la víctima y posterior huida.
Existe una circunstancia adicional que eleva la responsabilidad institucional: Beller no solamente denunció haber sido víctima de un ataque, sino que formuló públicamente graves acusaciones relacionadas con presuntos negocios y estructuras de poder, contingencia que obliga a investigar ambas dimensiones: el ataque y aquello que la víctima afirma conocer. Resultando debatible la condena antelada a Cerimedo, máxime si por solo las declaraciones de Beller se pretende ejecutar sentencia. La justicia debe demostrar los hechos mediante ostensible evidencia. Pero tampoco corresponde pedirle a la sociedad que cierre los ojos ante las interrogantes, la verdad no necesita protección política, exige pruebas.
Si fue un atentado criminal, la investigación debe demostrar quién ordenó matar, quién disparó, quién facilitó la operación y cuál fue el móvil, si hubo una estructura intelectual detrás del ataque, debe ser identificada completa, sin importar apellidos, nacionalidades, vínculos políticos o niveles de influencia y si alguna de las hipótesis que hoy circulan resultara falsa, también deberá demostrarse. Porque en un Estado de derecho la presunción de inocencia no significa presunción de ingenuidad ciudadana.
Tres disparos, dos atacantes, una víctima sobreviviente, un detenido y demasiadas interrogantes aún sin respuesta, la sociedad no necesita una historia conveniente.
¡Exige la verdad!
TRES DISPAROS, UN MAR DE DUDAS