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FRACTURA DE LIBRE Y LA RESPONSABILIDAD DE DEJAR ATRÁS AL MAS

14 de agosto de 2026 por
Actualidad Informativa, Reynaldo Rodríguez Cuéllar
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Por: Reynaldo Rodríguez Cuéllar

 

La política boliviana vuelve a demostrar que las alianzas electorales no necesariamente sobreviven intactas al ejercicio del poder. La fractura que ya es evidente dentro de Libre, con el abierto distanciamiento de tres senadores respecto de la conducción de Jorge “Tuto” Quiroga, no es un episodio menor ni puede reducirse a una disputa por espacios dentro de la Asamblea Legislativa, connota una ostensible señal política.

Branko Marinkovic, Ernesto Suárez y Kathia Quiroga han reivindicado su pertenencia a Demócratas y, con ello, han dejado expuesta una diferencia sustancial respecto de la línea que pretende imponer el liderazgo de Libre. La discusión sobre el denominado “transfugio” adquiere así una dimensión mucho más profunda: ¿Un parlamentario debe obedecer disciplinadamente una línea política o tiene el derecho —y también la responsabilidad— de votar de acuerdo con aquello que considera conveniente para el país?, la respuesta democrática debería ser evidente, nadie puede pretender que la libertad de conciencia parlamentaria desaparezca detrás de una sigla. Una alianza electoral no convierte a sus integrantes en propiedad política de quien encabezó la candidatura presidencial, y aquí aparece el verdadero problema.

Sobre lo llovido, mojado, cuando Bolivia todavía enfrenta la enorme tarea de desmontar las estructuras políticas, económicas y de poder heredadas del masismo, resulta particularmente preocupante que sectores de la oposición comiencen a privilegiar la confrontación interna y el desgaste del Gobierno por encima de una agenda nacional. Esto no significa afirmar que la gestión de Rodrigo Paz Pereira sea una taza de leche. No lo es, ni debería serlo el ejercicio de una función gubernamental en un país atravesado por una crisis profunda; el Gobierno debe ser fiscalizado, rendir cuentas, corregir errores, explicar sus decisiones y cuando corresponda, debe recibir una oposición firme. Fiscalizar al Gobierno es responsable lo inaudito es convertir cada dificultad en una oportunidad para intentar derribarlo, particularmente cuando todavía se encuentra en disputa algo mucho más trascendente: la consolidación de una nueva etapa política que permita desmontar definitivamente la estructura de poder construida por el MAS durante años.

La ostensible desaprobación expresada por estos tres importantes senadores electos respecto de la conducción de Quiroga debería ser leída precisamente en ese contexto, no necesariamente como un respaldo incondicional a Rodrigo Paz, sino como la evidencia de que existe dentro de la propia alianza electoral una corriente que entiende que el país necesita gobernabilidad, acuerdos puntuales y responsabilidad legislativa. Apoyar una ley positiva no convierte a un parlamentario en oficialista, respaldar un crédito necesario no significa renunciar a la fiscalización, coincidir con una política pública no obliga a compartir todo el programa gubernamental, eso precisamente denota “la esencia de la democracia”.

Lo inadmisible emerge cuando la política pretende convertir cada voto diferente en traición, cada acuerdo parlamentario en transfugio y cada coincidencia con el Ejecutivo en una conspiración, Bolivia ya vivió demasiado tiempo bajo esa lógica, no es coherente reproducirla con nuevos protagonistas.

La división que golpea a Libre también debería servir como advertencia. Las alianzas electorales necesitan reglas claras, pero también requieren comprender que después de las elecciones inicia una otra etapa: la de gobernar, legislar, fiscalizar y responder ante los ciudadanos y esa responsabilidad no puede quedar subordinada a los intereses personales de ningún dirigente, máxime cuando el desafío histórico continúa siendo enorme.

Defenestrar políticamente la estructura del MAS no será una tarea sencilla. No basta con haber ganado una elección es más, ni siquiera con haber desplazado electoralmente a quienes gobernaron durante dos décadas. Las estructuras políticas, institucionales y territoriales no desaparecen porque cambie el resultado de una elección, se requiere una transformación profunda, democrática y sostenida, por ello resulta inconveniente que quienes deberían contribuir a esa tarea terminen enfrascados en una guerra interna que únicamente beneficia a quienes esperan pacientemente una oportunidad para recuperar espacios de poder.

La oposición democrática tiene una obligación adicional: no convertirse en aquello que pretende reemplazar, Rodrigo Paz debe gobernar, la Asamblea debe legislar y fiscalizar, la oposición debe controlar y todos deben responder ante el ciudadano, pero, si cada diferencia política termina siendo presentada como una traición, la democracia corre el riesgo de convertirse nuevamente en una lucha de obediencias personales, es tan simple como que Bolivia no necesita nuevos caudillos, requiere instituciones, no necesita obediencia ciega exige responsabilidad y sobre todo que quienes recibieron el mandato ciudadano comprendan que la lucha contra la estructura del pasado todavía no ha terminado.

El MAS puede haber perdido el Gobierno, pero desmontar su estructura política es otra batalla. Y esa batalla no se gana fracturando a quienes tienen la responsabilidad histórica de impedir su retorno.

Actualidad Informativa, Reynaldo Rodríguez Cuéllar 14 de agosto de 2026
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