Dentro de la controvertida contingencia por la que transita nuestra República, hoy domingo recibí un mensaje profundamente reflexivo e incuestionablemente esperanzador durante la homilía pronunciada por el Rvdo. Raúl Arrazola, párroco de la emblemática Iglesia de la Santa Cruz, a quien envió un cálido saludo.
Con singular claridad y sentido pastoral, recordó que no podemos permitir que el egoísmo, la confrontación permanente o la extrema manipulación sectorial terminen por derrumbar la esperanza de un pueblo que históricamente ha sabido sobreponerse a las adversidades.
Sus acertadas palabras constituyen un oportuno llamado a la serenidad, al diálogo sincero y a la responsabilidad colectiva, recordándonos que ninguna causa puede prosperar cuando se antepone el interés particular al bienestar de toda una nación.
Bolivia necesita reencontrarse consigo misma, recuperar la cultura del entendimiento y reafirmar los valores de solidaridad, respeto y unidad que han permitido superar los momentos más difíciles de nuestra historia.
Que este mensaje de fe y esperanza nos inspire a construir puentes donde otros levantan barreras, y a comprender que el futuro de la patria depende de la capacidad de sus hijos para anteponer el bien común por encima de cualquier diferencia circunstancial.
PAZ PARA BOLIVIA