Por: Reynaldo Rodríguez Cuéllar
Santa Cruz conmemoró las efemérides nacionales en medio de una tragedia que jamás debió ocurrir. El devastador incendio registrado en la Feria Barrio Lindo no solo deja cuantiosas pérdidas materiales y el drama de cientos de familias que vieron desaparecer el trabajo de toda una vida, sino que vuelve a poner en evidencia las graves falencias en materia de prevención y gestión de riesgos en los principales centros de abastecimiento de la ciudad.
Cuando este tipo de contingencias se repiten, ya no pueden atribuirse a la casualidad. Constituyen una inadmisible falta de prevención que exige responsabilidades concretas. En este caso, la responsabilidad es compartida, las asociaciones de comerciantes tienen el deber de garantizar el cumplimiento de normas básicas de seguridad, mientras que el Gobierno Autónomo Municipal, como autoridad competente en la administración, fiscalización y control de los mercados, debe ejercer una supervisión permanente para evitar que una emergencia de estas dimensiones se convierta en una catástrofe.
La prioridad absoluta continúa siendo proteger la vida y controlar el incendio. Más de 500 efectivos de Bomberos, voluntarios, Policía, Gobernación, Alcaldía y otras instituciones fueron desplegados en las tareas de extinción, mientras el Gobierno nacional anunció un plan de alivio financiero, tributario y de recuperación del capital de trabajo para las familias damnificadas.
Sin embargo, la ayuda económica para el "día después" no puede sustituir el deber de prevenir el desastre antes de que ocurra. Los peritajes deberán establecer las causas específicas del siniestro y, determinar si existían las condiciones de seguridad exigibles, si se realizaron inspecciones periódicas y si las observaciones técnicas fueron corregidas oportunamente.
Santa Cruz merece mercados seguros, planes de contingencia efectivos, sistemas contra incendios funcionales y autoridades capaces de antelarse a las emergencias y no reaccionar cuando el daño ya es irreversible.
La solidaridad con los comerciantes afectados debe ir acompañada de una investigación transparente y de la asunción de responsabilidades. Solo así será posible evitar que una tragedia de esta magnitud vuelva a repetirse.
A la tragedia se sumó un hecho aún más indignante. Mientras cientos de personas arriesgaban su integridad para combatir el incendio y salvar lo que quedaba del patrimonio de los comerciantes, individuos dedicados al robo, conocidos popularmente como "hombres topo", aprovecharon el caos para ingresar al área afectada y robarse mercadería y otros bienes, llegando al infame extremo de publicar su delito en vivo, en redes sociales, estos hechos no solo rayan en un acto de extrema insensibilidad y oportunismo criminal, sino también ante una preocupante vulneración de la seguridad en plena emergencia. Corresponde a la Policía y al Ministerio Público identificar, capturar y llevar ante la justicia a todos los responsables, enviando un mensaje inequívoco de que ninguna tragedia puede convertirse en una oportunidad para la delincuencia.
RECURRENTE FALTA DE PREVENCIÓN