Ir al contenido

EL VALOR MEDULAR DE LA SOCIEDAD: «LA SAGRADA FAMILIA»

3 de noviembre de 2026 por
Actualidad Informativa, Reynaldo Rodríguez Cuéllar
| Todavía no hay comentarios

Por: Cnl. MSc CAD Edson Omar Fernández Molina


La familia no representa únicamente el origen de nuestra identidad; constituye el núcleo fundamental de toda sociedad y, por excelencia, el primer e irremplazable espacio de formación humana, es allí donde se edifican los principios y valores que habrán de orientar la conducta de las personas a lo largo de su existencia; donde se aprende el verdadero significado del respeto, la honestidad, la solidaridad, la disciplina, la responsabilidad y, sobre todo, el valor de la palabra empeñada, ninguna institución puede sustituir plenamente esa primera escuela de vida, como tampoco existe política pública capaz de reemplazar la responsabilidad indelegable que corresponde a quienes tienen el privilegio y el deber de formar, orientar y educar a sus hijos.

Contradictoriamente, transitamos tiempos particularmente complejos, marcados por profundas transformaciones sociales, culturales y generacionales que inciden directamente en la convivencia familiar, es precisamente en este escenario donde emerge un fenómeno preocupante, expresado coloquialmente mediante el mal denominado «no me importismo», una distorsión que atenta contra nuestra rica lengua materna que, en su significado más próximo, representa la indiferencia: actitud signada por falta de interés frente a las responsabilidades, los valores y las consecuencias de nuestros propios actos, la pérdida progresiva de referentes morales, la relativización de los principios, la intolerancia, la violencia en sus distintas manifestaciones, el debilitamiento de los vínculos afectivos y la influencia desmedida de los entornos digitales configuran desafíos que no podemos ignorar mucho menos postergar, inflexible realidad que exige, responsabilidad familiar y compromiso social.

La formación de nuestros niños y jóvenes no puede quedar librada a las circunstancias, a las influencias externas o a la improvisación, los hijos precisan de acompañamiento, orientación, presencia y, fundamentalmente, el ejemplo de sus progenitores; no es suficiente garantizarles bienestar material; es indispensable proveer formación moral, estabilidad emocional y herramientas para distinguir entre lo correcto y lo equivocado, la autoridad de los padres no se construye mediante el temor, por el contrario se cimienta a través de la coherencia, la firmeza, el afecto y la credibilidad de sus propias acciones.

Desde nuestra responsabilidad como institución policial, comprendemos que la seguridad ciudadana no comienza exclusivamente en las calles, en los operativos, en las unidades policiales ni en la capacidad de respuesta frente al delito, su fundamento más profundo e incuestionable se encuentra en los hogares, en la formación integral de las persona, en la educación en valores, en la prevención temprana y en la construcción de una cultura de respeto por la vida, la dignidad humana y las normas que hacen posible la convivencia pacífica, denotando el no soslayar que cada conducta violenta que se normaliza, en el adolescente que crece sin orientación o, el conflicto familiar que se ignora, representa señales que merece nuestra atención y una intervención oportuna; indubitablemente bajo circunstancia alguna corresponde estigmatizar a las familias que atraviesan dificultades, sin comprender que la prevención exige acompañamiento, responsabilidad compartida y una respuesta articulada entre los hogares, las instituciones educativas, la sociedad civil y el Estado.

La Policía Boliviana tiene el deber constitucional de proteger a la sociedad, preservar el orden público y contribuir a la tranquilidad de las familias, empero, esa misión institucional adquiere una dimensión mucho más profunda cuando logramos que la ciudadanía comprenda que la seguridad no es una responsabilidad exclusiva de los uniformados, es una tácita construcción colectiva que demanda participación, confianza, corresponsabilidad y compromiso permanente, desde esa perspectiva, debemos reivindicar a la sagrada familia como fundamento de la convivencia social donde los padres ejerzan su responsabilidad con amor, y coherente autoridad, donde los hijos encuentren orientación, confianza y protección, donde el respeto no sea una exigencia unilateral, sino una práctica recíproca y cotidiana, donde la honestidad prevalezca sobre la conveniencia y donde la solidaridad, la empatía y la consideración por los demás constituya principios irrenunciables, resultando utópico pretender aspirar a una sociedad integrada por ciudadanos íntegros, cuando renunciamos a formar personas con principios, máxime si en la citada contradicción exigimos instituciones sólidas cuando descuidamos los valores que incuestionablemente deben sostenerlas y la responsabilidad no surge de la espontaneidad ni se impone exclusivamente mediante normas: se aprenden, cultivan y consolidan mediante el ejemplo, precisamente en el seno familiar.

Como Comandante Departamental de la Policía de Santa Cruz, sostengo que nuestra misión no se limita a combatir las expresiones delictivas, sino que también nos compromete a promover una cultura de prevención, convivencia pacífica y respeto por la vida, queremos una Policía cercana a la ciudadanía, con puertas abiertas, comprometida con las familias y firme frente a quienes pretenden quebrantar la tranquilidad de nuestra sociedad, porque detrás de cada familia existe una historia, un esfuerzo, una esperanza y un futuro que merece ser protegido, cuando fortalecemos la familia, potenciamos a nuestra sociedad, al recuperar los valores, dignificamos la convivencia y cuando asumimos nuestra responsabilidad con las nuevas generaciones, comenzamos a construir una Bolivia más segura, justa y humana.

Primero Dios, vivir para servir, por nuestras familias, por Santa Cruz y por Bolivia

Actualidad Informativa, Reynaldo Rodríguez Cuéllar 3 de noviembre de 2026
Compartir
Etiquetas
Archivo
Iniciar sesión dejar un comentario