Por: Reynaldo Rodríguez Cuéllar
La inaceptable y criminal contingencia por la que transita nuestra República, despertó que la principal potencia del mundo observe con creciente preocupación la infame escalada promovida por organizaciones criminales y sectores desestabilizadores que se resisten a soltar el poder en Bolivia, sin escatimar el perverso proceso de arrastrar al país hacia la muerte, violencia, bloqueo e incertidumbre institucional.
Resultan categóricas las declaraciones del vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, al advertir que en Bolivia “hay un golpe de Estado en marcha”, impulsado —según sus propias palabras— por una “alianza perversa entre políticos frustrados que se rehúsan a mantenerse a un lado del camino y del crimen organizado”.
La comunidad internacional comienza a comprender que la confrontación ya no puede interpretarse bajo el obsoleto e inconsecuente criterio ideológico izquierda versus derecha, sino entre quienes defienden las instituciones democráticas y quienes pretenden someterlas mediante el terror, el chantaje, la infame violencia callejera y la desestabilización sistemática del Estado.
El presidente Rodrigo Paz Pereira, fue elegido democráticamente por el pueblo boliviano y cualquier intento de quebrantar el orden constitucional mediante bloqueos violentos, convulsión social o presión criminal constituye una gravísima amenaza no sólo para Bolivia, sino para toda la estabilidad hemisférica.
Resulta imperativo que voces internacionales comiencen a exigir un pronunciamiento firme de países como Brasil y Colombia, entendiendo que el indiferente silencio frente a la infame desestabilización termina favoreciendo a las estructuras anti-institucionales que han convertido históricamente a Bolivia en rehén de intereses oscuros.
Nuestras autoridades deben entender que si para el país más poderoso del planeta “negociar con terroristas no es opción” Bolivia requiere consolidar una unidad inquebrantable, fortaleza institucional y una respuesta inflexible del Estado para derrotar a quienes pretenden sustituir la democracia por el caos.
NEGOCIAR CON TERRORISTAS NO ES OPCIÓN