Por: Reynaldo Rodríguez Cuéllar
La desafiante y nueva arquitectura hemisférica contra el narcoterrorismo acaba de enviar una señal que Bolivia no debe leer únicamente desde la geopolítica.
El mensaje de Marco Rubio y la declaración conjunta de los países que integran el Escudo de las Américas colocan sobre la mesa una realidad que durante un erróneo y dilatado tiempo fue tratado como si perteneciera exclusivamente a la responsabilidad y al ámbito policial: el crimen organizado ya no reconoce fronteras, jurisdicciones ni estructuras institucionales, la respuesta, demanda la irrestricta liberación para no permanecer ni un minuto más encerrada dentro de ellas.
El 1 de octubre, los gobiernos integrantes del Escudo expresaron públicamente su incondicional respaldo a las acciones emprendidas en Bolivia contra el narcoterrorismo, la corrupción y las redes criminales, alentando la continuidad de las investigaciones y procesos contra quienes las faciliten, Marco Rubio fue categórico al señalar que Estados Unidos respalda las acciones del gobierno boliviano contra el narcotráfico, la corrupción sistémica y el crimen organizado transnacional.
Resultando inequívoca la señal: la lucha contra el crimen organizado ingresó en una nueva dimensión de cooperación hemisférica pero, toda arquitectura internacional termina enfrentándose con una verdad medular: ninguna estrategia contra el crimen funciona si no existe en el territorio una fuerza policial capaz de ejecutarla, es donde la historia demanda su fortaleza. En Santa Cruz, el Cdte. Dptal. de la Policía, Cnel. MSc. CAD Edson Omar Fernández Molina, desde su llegada planteó una concepción de matiz innovador que merece ser observada con atención, no habló únicamente de patrulleros, de operativos, planteó incuestionablemente un diagnóstico, cimentado en inteligencia, prevención, fortalecimiento de las unidades, tecnología, coordinación institucional y presencia policial, análogamente estableció una premisa particularmente contundente: “Ni refugio ni impunidad”
Conminando a la institución a recuperar la confianza de la ciudadanía mediante una mayor cercanía con la sociedad no titubeo, al sentenciar que no habrá encubrimiento alguno frente a hechos irregulares cometidos por policías, es precisamente allí donde una discusión que parece internacional adquiere dimensión y fortaleza cruceña porque, combatir al crimen organizado no circunscribe a capturar delincuentes después de cometido el delito, denota antelarse, investigar, identificar estructuras, cerrar espacios territoriales, fortalecer capacidades y construir cooperación entre Policía, autoridades, ciudadanía e instituciones denotándose el verdadero desafío y, Santa Cruz, por su dimensión económica, territorial y fronteriza, no puede permitirse una Policía que simplemente llegue después de los acontecimientos, demanda a una Policía con un paso adelante, exige inteligencia antes que reacción, prevención antes que lamento, coordinación antes que aislamiento, institucionalidad antes que improvisación.
Tácito contexto que debe ponderar el trabajo que viene implementando el Cnel. Fernández, no debemos soslayar que su gestión aún se encuentra en una etapa inicial y sería irresponsable convertirla en un balance definitivo, denotando que lo innegable es lo implacablemente consolidado: el planteamiento público de una hoja de ruta que coloca la prevención, la inteligencia, la coordinación y la presencia territorial en el centro de la respuesta policial de encomiable significado en un momento en que el hemisferio entero comienza a comprender que el narcotráfico y el crimen organizado no se combaten únicamente desde los despachos ministeriales ni desde las declaraciones diplomáticas, se los neutraliza en las calles, en las fronteras, en las comunidades, en las investigaciones, en la información, en la capacidad operativa, y sobre todo, en la fortaleza moral de las instituciones llamadas a hacer cumplir la ley.
El Escudo de las Américas puede establecer una coordinación internacional, empero el verdadero escudo de una sociedad se construye todos los días en el territorio, allí donde el policía patrulla, donde un investigador reúne evidencias, lugar en le que específicamente un comandante decide no mirar hacia otro lado, donde la institución entiende que proteger al ciudadano no es solamente una función administrativa, sino un tácito deber, en Santa Cruz, ese desafío tiene rostro, mando y responsabilidad: el del Cdte Dptal Cnl. Edson Fernández.
Su mayor prueba es el predicamento y en la contundencia de sus discursos, avalados en la capacidad de transformar sus principios en resultados sostenibles porque frente al crimen organizado, la sociedad no necesita héroes de ocasión, clama por instituciones firmes y cuando la institución decide avanzar con verdad, inteligencia, disciplina y sentido del deber, entonces la lucha contra el crimen deja de ser una consigna y comienza a convertirse en política pública de seguridad.
El hemisferio está levantando su escudo, es hora y momento en la historia de que Santa Cruz también levante el suyo el escudo que nace con una Policía profesional, cercana, inteligente y firme frente al delito.
EL NUEVO ESCUDO CONTRA EL CRIMEN Y LA HORA DE LA POLICÍA