El 22 de septiembre de 2026, el presidente de los Estados Unidos, Donald John Trump, abrió el debate de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso de estremecedor contenido geopolítico. Durante casi una hora defendió su política exterior, lanzó una demoledora advertencia contra Irán y dedicó uno de los pasajes más contundentes a Cuba.
“MIENTRAS OTROS HABLAN, YO ACTÚO”, fue el concepto que sintetizó el mensaje de Trump al presentar a Estados Unidos como una potencia que, bajo su administración, privilegia la acción, la capacidad militar, económica y la defensa de sus intereses estratégicos sobre la diplomacia pasiva enfatizando que los grandes conflictos internacionales deben resolverse desde una posición de fuerza.
El mandatario sostuvo que su Gobierno no pretende permanecer como espectador frente a los conflictos internacionales y defendió una política exterior sustentada en la capacidad de disuasión y en la presión como instrumentos para alcanzar objetivos políticos y de seguridad.
El momento de mayor tensión llegó cuando Trump elevó el tono con el ultimátum al referir a Irán, públicamente le planteó una disyuntiva que estremeció la Asamblea General: “Tengo una gran decisión que tomar: ¿habrá un acuerdo con Irán… o aniquilo la República Islámica, y lo hago rápidamente?, así no podrán asesinar a ningún ciudadano más y los mando al infierno”, declaración que constituye una de las advertencias más contundentes formuladas por el mandatario estadounidense desde la tribuna de Naciones Unidas.
Denotando inflexibilidad en el tono apocalíptico militar, Trump dejó abierta la posibilidad de una negociación condicionada a que Irán renuncie a sus ambiciones nucleares y restablezca canales diplomáticos, la combinación entre presión máxima y posibilidad de negociación marcó uno de los principales componentes de su mensaje hacia Teherán.
El primer mandatario estadounidense vertió una declaración categórica: “Cuba es un Estado absolutamente fallido… El comunismo nunca llegará a Estados Unidos, pero la libertad llegará a Cuba.”, las palabras generaron una reacción inmediata de la delegación cubana, cuyos representantes abandonaron el salón de la Asamblea General mientras Trump continuaba con su intervención.
Análogamente la referencia a Cuba adquirió una dimensión regional al mencionar Trump al secretario de Estado Marco Rubio y la participación de Washington en las gestiones y acciones relacionadas con la isla.
Venezuela, carteles y seguridad hemisférica, formó parte del discurso que abordó la seguridad del continente americano. Trump vinculó la lucha contra los carteles, el control fronterizo y la situación de Venezuela con los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.
El mensaje proyectó así una visión hemisférica en la que Washington coloca el crimen organizado transnacional, el narcotráfico, las fronteras y los gobiernos considerados adversarios dentro de una misma agenda estratégica.
Inteligencia artificial y “SUPERINTELIGENCIA” fue otro de los capítulos que estuvo relacionado con la tecnología. Trump cuestionó la posibilidad de establecer una regulación internacional que, según su planteamiento, pudiera limitar el desarrollo tecnológico estadounidense y defendió la necesidad de mantener la capacidad de innovación de Estados Unidos.
En ese contexto introdujo el concepto de “superinteligencia”, como expresión de una nueva etapa del desarrollo tecnológico y de la competencia estratégica entre las grandes potencias.
Trump también volvió a sindicar el funcionamiento burocrático de Naciones Unidas y el papel del Tribunal Penal Internacional.
Su intervención dejó planteada una relación con los organismos multilaterales marcada por la exigencia de resultados concretos y por la defensa de la soberanía y de los intereses nacionales estadounidenses.
Para “Actualidad Informativa”, el discurso de Trump debe ser leído como una señal para el orbe planetario, expresión de la actual orientación de la política exterior estadounidense: disuasión militar, presión económica, defensa de intereses estratégicos y negociación desde una posición de fuerza, Irán y Cuba ocuparon lugares particularmente relevantes, pero no estuvieron aislados del resto del mensaje, Venezuela, los carteles, las fronteras, la inteligencia artificial y los organismos internacionales que fueron incorporados dentro de una misma narrativa de seguridad, soberanía y poder estadounidense.
Desde la tribuna de Naciones Unidas, Trump no presentó únicamente una lista de conflictos: expuso una visión sobre el papel que Estados Unidos pretende desempeñar frente a sus adversarios y frente al sistema internacional, el líder estadounidense no se reservó nada, la advertencia fue clara: Washington está dispuesto a utilizar presión económica, capacidad militar y negociación para defender sus intereses.
La respuesta de los gobiernos aludidos y de la comunidad internacional determinará ahora cuánto de este discurso se transforma en acciones concretas.
TRUMP EN LA ONU: ADVERTENCIA QUE ESTREMECIÓ AL MUNDO