Santa Cruz dejó de ser únicamente el motor económico de Bolivia para convertirse en el escenario donde nuevamente atentan contra sus buenas costumbres y espíritu hospitalario, en la actualidad convergen tres conflictos que amenazan la estabilidad nacional: el avance del narcoterrorismo transnacional, la injerencia de operadores políticos extranjeros y la asfixia productiva provocada por la crisis de hidrocarburos. No son hechos aislados; son capítulos de una misma disputa por el poder, el territorio y la soberanía.
I. La guerra que no declaró Bolivia
La violencia que golpea a Santa Cruz ya no responde exclusivamente a la delincuencia común, autoridades bolivianas reconocieron que la indiferencia con nuestro departamento trasladó la imperdonable pugna entre el Primer Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) de manera inadmisible a la frontera oriental, donde ambas organizaciones buscan controlar corredores estratégicos para el tráfico de cocaína hacia Brasil y Paraguay.
Durante semanas, múltiples crímenes, emboscadas con asesinatos contra policías, pistas clandestinas y estructuras logísticas revelaron que el crimen organizado dejó de actuar en las sombras. Su objetivo ya no es solamente transportar droga: pretende controlar rutas, lavar capitales, adquirir propiedades, infiltrar economías regionales y corromper instituciones.
El narcoterrorismo adquiere así una dimensión política y territorial, no busca únicamente ganancias ilícitas; estructuras de grupos con capacidad militar y financiera, intentan ejercer poder mediante el terror para imponer control sobre regiones enteras. La reciente designación internacional del PCC y del Comando Vermelho como organizaciones terroristas refuerza la gravedad de una amenaza que ya no reconoce fronteras.
II. El extraño poder de los consultores
Como si la amenaza criminal no bastara, Bolivia enfrenta otra paradoja: un ciudadano extranjero convertido en protagonista de una de las mayores controversias sociopolíticas del país.
El consultor político argentino Fernando Cerimedo pasó de diseñar estrategias electorales a convertirse en objeto de múltiples investigaciones penales, entre las que figuran procesos por presuntos vínculos con redes criminales, protección de vuelos irregulares, enriquecimiento ilícito y tentativa de feminicidio, investigaciones que deberán resolverse bajo el principio constitucional del debido proceso.
El principio democrático es elemental: ningún asesor extranjero puede situarse por encima de las instituciones nacionales, el debate trasciende a una persona: interpela la capacidad del Estado para preservar su independencia frente a intereses externos, responsabilidades que deberán establecerse mediante pruebas y el debido proceso.
III. El campo alimenta al país… sin combustible
Mientras las balas ocupan titulares, otra batalla silenciosa se libra en los campos cruceños.
Santa Cruz produce la mayor parte de la soya, maíz, sorgo, arroz y carne bovina que abastecen a Bolivia y generan miles de millones en exportaciones. Sin embargo, ese aparato productivo depende críticamente del diésel para sembrar, cosechar y transportar alimentos.
La reducción de la producción nacional de hidrocarburos y la escasez de divisas para importar combustibles provocó largas filas, retrasos en la cosecha y sobrecostos logísticos. El departamento consume alrededor de 40 millones de litros mensuales, razón por la cual surgieron propuestas para habilitar la importación regional de diésel como mecanismo de emergencia.
Cuando falta combustible, no solamente se detienen los tractores: aumenta el precio de los alimentos, disminuye la competitividad y se debilita la seguridad alimentaria nacional.
IV. Tres crisis, una sola soberanía
El narcoterrorismo busca controlar territorio.
Los operadores extranjeros pretenden influir en la arquitectura del poder.
La crisis energética amenaza la producción que sostiene la economía nacional.
Las tres confluyen en un mismo escenario: Santa Cruz, por ello, la respuesta no puede limitarse a operativos policiales, Bolivia exige una política de Estado basada en cinco pilares: inteligencia estratégica, control efectivo de fronteras, independencia absoluta de la justicia, seguridad energética para el aparato productivo y cooperación internacional sin renunciar jamás a la soberanía nacional.
Epílogo: la hora de Santa Cruz
La historia demuestra que las grandes regiones no caen únicamente por invasiones; también pueden debilitarse cuando el crimen ocupa los vacíos del Estado, cuando intereses externos condicionan la política y cuando la producción pierde su capacidad de sostener a la nación.
Santa Cruz no pide privilegios. Exige condiciones para seguir siendo el corazón económico de Bolivia y un muro de contención frente al crimen organizado, porque defender Santa Cruz, hoy, es defender la República.
¡MORIR ANTES QUE ESCLAVOS VIVIR!
SANTA CRUZ: DIFERENTES GOBIERNOS, EL MISMO DESAFÍO